Trances inconclusos


Deja que te llene de eternidad el alma,
que dibuje plenitud en la luna de tus cielos.
Déjame extasiarme en tu veneno
e invadirme del perfume del ocaso al que me invitas.

No les digas a mis labios que hacer con tu cabello,
sé como perderme en su brillosa oscuridad
y regocijar mis sentidos en su ébano infinito.

Déjame que exude mil caricias
en el puro y exquisito destino de tu vientre.
Permite que yo abrace la alborada
que se estrena al bañarme en tu sonrisa.

No me digas cómo se muere de pasión en un segundo,
sé perfectamente como oscilan mis lunares
al compás de la tibia piel de tus recelos.

Concédele minutos de tu tiempo
a la inquebrantable fe de mis mañanas.
Deja que me sacie, que divague,
que someta el venerable icor de mi sustancia
a la impecable fuente de tu instinto.

No me cuentes cómo se alucina en el dulce néctar de tu ombligo,
cuando quiero extraviar de tus ojos lo sutil,
conozco la maniobra arrogante de mi lengua.

No me digas que hacer cuando mis manos
se encuentran con tu boca,
deja que yo me invente las mil maneras de morir.




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