No me pidas seducción



¿Me pides seducción a mí?
que solo me limito a sonreír
y mirarte sonreír a ti,
a mí,
que disfruté la llegada de mi noche
bajo la influencia de tus dulces versos,
amigo de un sentir apasionado,
soñador innato de placeres ideales
que enredan en una dulce calma de melancolía.
 
¿Le pides seducción a mi vida?
si esa palabra sale de tu boca
sin tener que pronunciarla,
elocuente como tu grandeza,
fiel como tu poema,
enaltecida con tu voz que aclama ser bebida.

Yo solo dibujo horizontes,
miro, callo, hablo,
desaparezco y regreso
a desnudar mi voz en tu presencia,
a recorrer la distancia
de un verso apático a la tristeza,
buscando en la otra orilla del alba
darte una sonrisa que te hable de mi ausencia.
Yo solo siento, escucho, río,
porque conocerte me brindó una calma,
y en ese instante sublime
en que ambos escribíamos rosas,
mi mente voló a tu encuentro
y se posó infinita entre tus manos,
que gloriosas transformaron
mis simples ojos en  alma.

Seducción es poesía,
dijeron tus labios
y los míos callaron ante tu cielo
ante la locura de decir:
¡solo faltó amarte!
Y en ese instante tu sereno mirar
hizo brillar la mirada mía.
¿Quieres más de algo
que nos dimos sin darnos cuenta?
no me pidas seducción
porque seducción es tu alegría.

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